Estaba comenzando a leer "El Ladrón de tumbas" (Antonio Cabañas) y en la tercera o cuarta línea de la primera página se mencionaba la palabra "Impronta". Compleja palabra, difícil de definir pero fácil de identificar en cierto tipo de personajes.Habiendo visto la recién estrenada franja electoral de los dos candidatos que me interesaba ver, eché de menos la presencia de mi candidato, pero no me sorprendió nada la pobreza de las imágenes y de los "rostros" que intentaban transmitir un mensaje que nunca quedó claro.
Haciendo una analogía futbolística era como si Gabriel Galindo apareciera hablando del tremendo campeonato de la Universidad de Chile 94', por sobre figuras como Vargas, Delgado, Guevara, Aredes o Salas. Era raro ver a la Rincón y su marido junto a la familia Walker en un rol tan protagónico en el lanzamiento de la campaña televisiva y no a nuestro candidato.
Y ahí me detendré un momento, porque creo que ese es el error más grande que Frei pudo haber cometido durante ésta campaña. Ni siquiera vamos a considerar el pésimo equipo de trabajo que armó para sacar adelante este proyecto, ni tampoco profundizaremos en la pobreza de los rostros jóvenes, por el contrario nos vamos a centrar exclusivamente en la propia imagen del ex Presidente Frei Ruiz-Tagle y en cómo su cambio alejó a algunos y acercó a otros.
Cómo Chile no es más que un pueblo chico en el panorama mundial, no sorprende nada que los grandes personajes de nuestra historia se mantengan vigentes y sean respetados por el mismo tiempo que dura el sabor de un éxito deportivo pasajero o la caja de mercadería que se entrega a fin de año. Es por esto que en su afán por seguir políticamente activos, los honorables más "tradicionales" se han visto obligados a tomar una decisión que curiosamente en Chile pasó de ser una idea de un grupete de publicistas snob a una estrategia rígida e irrenunciable. "Los políticos deben mantener un "look" fersco y juvenil para conquistar el voto de los nuevos inscritos", todo esto, consecuencia directa de haber incluído a "personajes populares" en un área que no les corresponde.
Nuestro Frei cayó medio a medio en esa trampa y al hacerlo, se sacó la investidura de ex Presidente e inmediátamente perdió "peso político", renunció a su impronta y se transformó en un candidato más.
¿ Cuál fue el costo de esta "maniobra"?
Simple, cualquier pendejo se sintió con la libertad de decirle lo que fuera porque ahora pensaba como uno, hablaba como uno, vestía como uno, o sea...
Ese cambió que se vió en un comienzo como algo positivo, es lo que le permitió al "Ominami chico" pararse de igual a igual.
Y creo, un ex Presidente de la República nunca volverá a ser igual que el resto.




